Sosúa, aunque reconocida por sus playas de ensueño y su historia única en la costa norte dominicana, se ha convertido en un inquietante símbolo del turismo sexual en el país. A la sombra de su belleza natural y su legado cultural, persisten la prostitución, la trata de personas y una economía informal sostenida por la explotación, opacando la imagen de este destino que lucha por redefinir su futuro.

El pasado fin de semana, un operativo ejecutado en este referido municipio de Puerto Plata culminó con 29 allanamientos, 174 mujeres rescatadas —incluidas seis menores de edad—, y 22 hombres, así como la confiscación de armas, drogas y evidencias de tráfico de migrantes, dejando al descubierto redes ilegales que operan con fuerza en la zona.

Como respuesta, las autoridades anunciaron una nueva estrategia institucional, la cual incluye la apertura de una fiscalía especial, encargada de dirigir y sostener las investigaciones relacionadas con proxenetismo, trata de personas, explotación sexual, tráfico de migrantes y narcóticos en una segunda fase de la operación.

Aunque esta acción es nueva, no es la primera vez que ejecutan medidas en contra de estas estructuras. En 2018, la campaña "Rescatemos nuestro paraíso" cerró bares en zonas críticas, reforzó el patrullaje con el Cuerpo Especializado de Seguridad Turística (Cestur) y la promoción de iniciativas culturales. Sin embargo, la falta de continuidad y el regreso de prácticas toleradas permitieron que el fenómeno resurgiera, con nuevas formas y más redes detrás.

Esto desencadenó la urgencia de severas intervenciones como las realizadas recientemente, las cuales fueron respaldadas por la Asociación de Desarrollo Sostenible de Sosúa (ADSS) y la Asociación de Hoteles y Restaurantes de Sosúa y Cabarete.