El terror de pandillas haitianas casi toca puertas dominicanas

Si alguien aún tiene alguna duda sobre el peligro inminente que se cierne desde Haití sobre la República Dominicana, que se observe el espeluznante terror sembrado el pasado jueves 3 de julio en la localidad haitiana Las Caobas, casi tocando nuestras puertas.
Fuera de toda duda, la creciente y consolidada presencia de pandillas armadas en Haití representa una amenaza directa para la nación, generando ya una profunda preocupación entre los habitantes de la frontera, quienes ven cómo la violencia se acerca peligrosamente a su territorio.
La barbarie en Las Caobas

La tarde del pasado jueves 3 de julio, bandas armadas irrumpieron con armas de fuego, cuchillos y machetes en el poblado haitiano Las Caobas, donde perpetraron una masacre indescriptible.
Decapitaron y desmembraron a varias personas en un acto de salvajismo que ha conmocionó a los dominicanos.
El horror provocó la huida masiva de sus habitantes, quienes a gritos trataban de escapar despavoridos por la ruta central de la población.
Familias enteras, cargando lo poco que pudieron, con niños y ancianos sufriendo las penurias, se vieron obligadas a buscar refugio.
Su destino más probable, y su única esperanza de salvación, les quedaba un poco más adelante, en Belladere, y de ahí a este lado de la isla compartida.
Ataque a fuerzas de seguridad
El caos en Las Caobas comenzó con un ataque contra una patrulla de la Policía Nacional de Haití (PNH) y agentes de la Brigada de Seguridad de Áreas Protegidas (BSAP) en la carretera que conecta Mirebalais y Las Caobas, vía Desvarieux.
El resultado fue un espectáculo espantoso con varias víctimas mortales y heridos. Testigos presenciales describieron una escena dantesca: tres hombres fueron vistos en un video, cada uno levantando la cabeza decapitada de un compatriota capturado durante el asalto.
Los restos de los cuerpos—manos, partes de pierna y torso— estaban esparcidos en el lugar, con charcos de sangre aún fresca.
Un agente de la comisaría de Las Caobas perdió la vida, mientras que un miembro de la PNH y un agente de la BSAP fueron capturados y sometidos por los agresores.
El resto de los agentes fue dispersado por intensos disparos de armas automáticas, y dos vehículos policiales fueron interceptados por los bandidos.
Expansión del control pandilleril
Este ataque no es un incidente aislado. Se suma a un aumento significativo de la violencia contra localidades fronterizas y otras ciudades importantes del Altiplano Central de Haití.
La consolidación de las pandillas en la capital, Puerto Príncipe, es un factor clave. Un informe reciente de Naciones Unidas, del 2 de julio, asegura que estos grupos violentos ya controlan el 90% de Puerto Príncipe.
A principios de esta semana, delincuentes intentaron vulnerar el perímetro de seguridad de la Policía Nacional de Haití en la Ruta Nacional 3, una de las principales carreteras del país, cerca del río Fer-à-Cheval.
Ese enfrentamiento resultó en la muerte de al menos 20 atacantes, demostrando la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad, pero también la audacia de los grupos criminales.
Todos estos incidentes han puesto de manifiesto los graves desafíos de seguridad que enfrentan los municipios del departamento Centro de Haití, lo que a su vez se traduce en una creciente preocupación para los ciudadanos dominicanos en las provincias fronterizas.
Proximidad alarmante a RD
Las Caobas, fundada por colonos españoles en 1763 con el nombre de San Gabriel de las Caobas, no es un punto lejano en el mapa haitiano.
Se encuentra a 18.1 kilómetros de Belladère, el próximo poblado antes de llegar a Comendador, en República Dominicana. A su vez, Belladère (Veladero en español) es una comuna haitiana situada en el distrito de Las Caobas, a solo 14.6 kilómetros de Comendador, lo que se traduce en aproximadamente 29 minutos de viaje vía terrestre.
Es crucial recordar que Belladère fue parte de la colonia española de Santo Domingo, quedando bajo control dominicano tras la independencia de Haití.
Imaginar que se produce una estampida de la población haitiana por la presión de las pandillas, el camino más probable de salvación para ellos sería dirigirse a Belladère y de ahí directamente a Comendador, en menos de media hora.
Prácticas y armamento del terror
Las pandillas en Haití, impulsadas por una profunda crisis política y social, han recurrido a prácticas de violencia extrema y terror para mantener el control territorial y someter a la población.
Estas son algunas de sus tácticas más horribles y las armas que utilizan e ejecuciones sumarias y mutilaciones brutales, a menudo con actos de extrema crueldad como la decapitación y el desmembramiento.
Violencia sexual sistemática de mujeres y niñas, utilizada como arma de guerra para humillar, aterrorizar y castigar a las comunidades.
Secuestros masivos y extorsión: Capturan a personas de todas las edades y estratos sociales para obtener rescates, utilizando la tortura para presionar a las familias a pagar.
Desplazamiento forzado: La violencia generalizada y los ataques directos a comunidades enteras provocan desplazamientos masivos de personas que huyen para salvar sus vidas.
A menudo se hace bajo coerción, para usarlos como soldados, vigías, mensajeros e incluso para cometer actos de violencia.
Control de zonas estratégicas para controlar puertos, carreteras y barrios clave, a fin de dominar el flujo de bienes y personas, y extorsionar a negocios y residentes.
También, provocan incendios y destrucción de propiedades, como casas y negocios, dejando a las personas sin hogar ni medios de vida.
Estas pandillas están extremadamente armadas. obteniendo su arsenal principalmente a través del contrabando desde el extranjero, especialmente desde Estados Unidos.
Por estas y otras cosas, contrario al estereotipo de que aquí hay ‘odio a los haitianos’, es más preciso decir que hay un rechazo justificado a los delitos, crímenes y su salvajismo eterno, no a las personas en sí.


