abril 14, 2026
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La violencia contra las mujeres sigue agregando muertas a las estadísticas

ieciséis feminicidios consumados y ocho intentos documentados entre enero y finales de marzo de este año. Un promedio de cinco mujeres muertas cada mes, y dos libradas de la misma suerte por el azar, ante los ojos entornados de una sociedad que, según las encuestas de opinión, sitúan el feminicidio y la violencia de género en uno de los últimos lugares en la lista de problemas nacionales.

Llueve sobre mojado recordar a la sociedad su indolencia y a los medios el tratamiento superfluo de un fenómeno que atañe a la política democrática y al proceso, siempre inacabado, de humanización. Nada parece conmover la conciencia de esta colectividad indiferente a la debilidad manifiesta de su convivencia y ajena al perjuicio que esta provoca a los derechos que la Constitución consagra a hombres y mujeres.

Quince  mujeres muertas por sus parejas o exparejas (la decimosexta fue una niña), y ocho salvada por puro milagro en apenas tres meses, no son hechos aislados. Hablan de una ideología que legitima la violencia de los hombres contra las mujeres, de cuyas vidas se sienten propietarios. No actuar para desarraigarla de la cultura social es alimentar el caldo de cultivo en que se reproduce.

La niña víctima tenía apenas dos años. La violó brutalmente la pareja de su madre. Podría interpretarse, de entrada, como violencia vicaria, pero no lo fue. El feminicida-infanticida no confesó el hecho; por el contrario, permaneció en la casa como si nada hubiera pasado y, muy probablemente, para él su crimen quedaría impune. Pero la bebé murió y los médicos constataron la causa. Aunque después lo pretendiera, en un intento de justificarse, su acto no buscó dañar a la madre –aunque lo haría de manera irreparable– sino satisfacer el instinto sexual depredador. El cuerpo femenino, adulto o infantil, como instrumento del poder masculino.

Mientras el Estado no asuma de manera responsable, sin medias tintas y parches coyunturales, enfrentar la desigualdad de género que propicia la violencia contra las mujeres y las niñas, lo que pasa por trabajar por un cambio de cultura social, los feminicidios y la violencia sexual continuarán desmintiendo los discursos.

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