abril 14, 2026
actualidad

Migración y cálculo: la política de fracasos con el tema haitiano

Por debajo del estruendo, hay un cálculo. La política migratoria ha sido útil para distraer, no para resolver. Y en el caso haitiano, el gobierno parece atrapado en un dilema sin salida: no puede bailar con la capa, pero tampoco sin ella.

Desde hace meses, el gobierno dominicano ha hecho del tema haitiano una prioridad de seguridad y política exterior, y también un eficaz recurso de distracción interna.

Consciente del desgaste acumulado, el oficialismo ha encontrado en la inmigración irregular una válvula para eludir el escrutinio sobre frentes mucho más complejos: el endeudamiento creciente, el incumplimiento de promesas electorales, la baja ejecución del gasto público y una economía que comienza a dar señales de agotamiento.

La insistencia en una narrativa de mano dura, con metas como la deportación semanal de diez mil haitianos o el cierre de hospitales públicos a parturientas extranjeras, ha servido para cohesionar apoyos internos y acorralar a la oposición.

Pero esta política, lejos de ser efectiva o sostenible, ha mostrado límites evidentes. Ni se ha logrado la meta de deportaciones, ni se ha evitado el impacto negativo en sectores productivos que dependen de la mano de obra haitiana y en la imagen exterior del país.

Se han creado expectativas y levantado opinión favorable para resultados difíciles de conseguir. El producto ha sido una paradoja: mientras se expulsa en nombre de la soberanía, se reclama -desde el propio partido de gobierno– una regularización urgente.

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